domingo, 5 de agosto de 2012

Karakol


Me encuentro ahora en un autobús con dos compañeros de viaje con los que llevo ya viajando unos seis días. Son dos belgas de la zona alemana, que hablan sobretodo flamenco. Nos vamos ahora de Karakol, a Kochkor.
Karakol es una ciudad que me gusta mucho: pequeña, con construcciones muy diferentes a las que veríamos en Europa, con calles asfaltadas pero desconchadas, con gente sonriente, tranquila y amable. Me gusta además, porque se llama Karakol, y me encanta que una ciudad pueda llamarse como el bichito este con concha, aunque queden cambiadas la “C” por la “K”.
Quizás debo disculparme, porque no escribí en estos seis días, algunas personas, como mis padres podrían preocuparse. La respuesta es simple: he hecho un trekking de cinco días por las montañas que rodean la ciudad y obviamente, no he tenido ningún acceso a internet.
Tuve una suerte terrible al llegar a Karakol. Todo el mundo viene aquí a hacer treking. La ciudad tiene encanto para mí, pero la gente no viene aquí a ver esta ciudad, viene a ver sus montañas. Entonces, mucha gente pasa días enteros buscando gente con la que embarcarse en la aventura de las cimas, pero no todo el mundo encuentra con quien realizar la aventura, y hay quien va solo, o quien no va. Yo tuve suerte, porque nada más llegar a mi casa de huéspedes, encontré a Perrine, una francesa, y al mismo tiempo, a Eugenyi, un ruso, y fue bastante sencillo que me invitaran con ellos y seis personas más a subir las montañas. Cinco minutos después de llegar, ya tenía mi treking organizado. Me encantó conseguir subir las montañas así, sin guía, porque odio los trekkings con guía, donde siempre se tiene que seguir al guía, y no se puede tomar tiempo y descanso donde se quiera. El grupo me gustaba también, más o menos. Con los dos belgas, el ruso y la francesa, todo ha sido muy fácil y muy divertido, pero no sé qué tenía la alemana conmigo, que era muy desagradable, la israelí, tampoco fue tan amable, hasta el final, que cambió, pero no pasa nada. Idiotas hay en todas partes.
Creo que he hecho el trekking más bonito de mi vida. Esas montañas son una pasada, son preciosas, altas, verdes, llenas de animales, formidables, y lo más increíble es que el paisaje es extremadamente cambiante. En un solo día se puede estar en tres atmósferas muy diferentes, quizás más. He alucinado, sobretodo, con un lago que había en la cima de una montaña, el Ala-Köl, que está a tres mil quinientos metros de altura y que tiene un color azul turquesa muy intenso, quizás por la falta de oxígeno.
Debo decir también, que es el trekking más duro que jamás he hecho. Subir esas montañas fue realmente difícil en muchos momentos. Muchas veces pensaba aquello de “¿pero qué hago yo aquí? ¿Por qué subo montañas como un tonto?” Me sorprendí también de mi fuerza, porque creo que ahora hago mejor los trekkings que en otros momentos de mi vida. Supongo que conozco mejor mi cuerpo y sé, que no tengo fuerza en las piernas, porque aunque soy deportista, no desarrollo en los deportes que practico los músculos necesarios para subir montañas, pero tengo mucha en los pulmones, en consecuencia de tanto haber corrido. Así que mi fuerza es no correr mucho, pero nunca parar y respirar y llevar el ritmo con la respiración Sobretodo eso, el ritmo en la respiración. Así, para subir, subía muchas veces el primero, el segundo o el tercero. Bajaba siempre el cuarto, porque debo decir que para bajar, mis rodillas se resienten, y no puedo ir deprisa. Es por eso también que el trekking era duro, había que subir y bajar mucho, había muy poco llano y mucho desnivel, nada más el primer día fue todo llano, después fue bastante duro. Huelga saber también, que por encima de los dos mil metros de altitud, cualquier esfuerzo supone el doble de energía, porque con la altura hay mucho menos oxígeno en el aire, oxígeno que necesitamos para utilizar nuestro cuerpo.
Todo esto se suma, a las condiciones climáticas, que son bastante adversas en esas cimas. Pese a ello, nosotros hemos tenido una suerte increíble, porque la mayoría de los días fueron soleados, excepto la segunda tarde, donde llovió un poquito, y el último día, en el que llovió un montón, pero como era ya el último día, y llegábamos ya a un refugio de montaña, como que no importaba. No me imagino, que hubiera pasado, si tengo que subir esas montañas, y además llueve a cántaros y el suelo está mojado y resbala. Eso es peligro de muerte y es lo que le pasa a mucha gente. Mucha gente duerme en el lago y amanece en la mañana con la tienda llena de nieve, incluso en verano, y con el suelo mojado y resbaladizo, pudiendo caer, desde muchos metros arriba. Hemos tenido muchísima suerte.
Hubo una broma que recorrió todo el trekking, y que me caracterizó. Pasó, que el día que llegué a Karakol, quería cenar algo energético, pera estar fuerte al día siguiente, entonces pedí para cenar un shaslik (brocheta de carne) de pato, y en todo el trekking mi gran motivación era volver a comer esta brocheta maravillosa, de carne a la brasa. Entonces, inventaba canciones o maneras de decirlo y todo el mundo sabía que pediría otro shaslik de pato al llegar -que dicho sea de paso, el pato es una de las mejores carnes que se pueden comer, porque pese a que es grasienta, es una grasa que elimina el colesterol.
También ocurrió una anécdota un poco macabra al final, el día del último refugio. Hay, cerca del refugio unas fuentes calientes, naturales, donde se puede tomar baño. Fue el momento en una de esas fuentes, y sólo con los chicos, porque estaban separadas, de celebrar la victoria con una pequeña botella de vodka. Había entonces un río de agua fría al lado, y como aconsejan mezclar las aguas frías con las calientes, para sentir más las calientes, Alex metió un momento la cabeza en el agua, y sin darse cuenta, el agua lo arrastró, y gracias a que había un árbol, el agua no se lo llevó más allá. Rápidamente hicimos una cadena humana y lo cogimos, y sonreímos y no pasó nada, pero con estas aguas tan frías y tan rápidas, podría haber pasado cualquier cosa. Incluso lo hablamos en el momento; qué delgada es la línea que puede separar vida y el más allá, y en qué situaciones más inesperadas puede suceder la translación. Pero bueno, seamos optimistas, nos queda mucha guerra que dar todavía a todos.
Un aspecto cultural interesante, de las montañas, es que en sus laderas hay muchas yurtas, que yo creía que sólo se veían en Mongolia. De hecho, no he dicho que la mayoría de los Kyrguices tienen ojos mongoles, asiáticos, lo cual tampoco esperaba. Muchos ganaderos vienen aquí con todos sus animales en verano, para que los animales coman. Lo malo es que más arriba en las montañas ya no hay más yurtas y quizá esa es la diferencia con otros trekkings, que menos me ha gustado, que como es tan frío, en las alturas no hay gente, y entonces sólo se puede disfrutar de los paisajes, pero no de la vida cultural.
Tuve la ocasión de disfrutar de la cena de celebración, que fue muy divertida, con un montón de gente, y más que se nos unía, cuando llegamos a Karakol. Comí shaslik de pato, finalmente. Acabamos bebiendo un montón de vodka el invitando a los kyrguices a beber con nosotros, que nos invitaron a ir a un club en la ciudad y bailamos muchísimo. Acabé cantando por las calles canciones que no entendía, abrazado a los kyrguices, que eran muy simpáticos. Una gran fiesta.
También ayer fui a la fiesta del albaricoque. Se ve que hay mucho en la zona. Y los kyrguices se ponían sus trajes tradicionales y tocaban sus músicas tradicionales, con instrumentos de aquí y mostraban sus juegos tradicionales, con caballo, con águilas que cazan, fue de verdad muy interesante. Tengo fotos y vídeos, que os muestro pronto.
Estoy ahora en una mastruskha (furgoneta) dirección a Kochkor, con mis amigos belgas (Alex y Guillaume, al que siempre llamo Tintín, porque es belga y se le parece), y vamos a pasar cuatro días más juntos, cerca del lago Son-Köl, en caballo. Nunca he conducido un caballo así que me apetece mucho hacerlo, pese a ser un poco caro.

¡Pronto os lo cuento!

























































No hay comentarios:

Publicar un comentario