domingo, 12 de agosto de 2012

Tierras de leyenda, de victorias y de derrotas

Me encuentro ahora mismo en uno de esos hoteles míticos soviéticos, en los que hay que estar, y de los que hay que huir. Uno de esos hoteles donde la mujer de recepción, si puede, escupe en la llave, y te pega una patada en el culo cada vez que entres, para demostrarte que su trabajo no le gusta, que trabaja para el estado y que podría hacer cualquier otra cosa mejor, antes que atenderte. Y el hotel es enorme, y se cae a trozos. Y al lado de mi habitación, que debo decir que es cara para lo que ofrece, seis euros, hay un baño del que no funciona el agua, pero del que sí funcionan sus olores. Y aun debo dar las gracias, porque por debajo de la puerta, esas pestilencias no pasan. Y eso, pese a que tenga que contener la respiración cada vez que salgo. Un hotel soviético: esos hoteles que cuando se construyen son flamantes, y todo el mundo preferiría vivir en el hotel, que en su casa. Un hotel soviético, que se deja pudrir, sobretodo en ciertos pisos, y así se establecen precios diferentes en función de en que piso se está, y que suele ser que cuanto más arriba, peor servicio se tiene. Yo estoy en el décimo de quince, pero no, no creáis que estoy bien. Yo ya estoy en la gama más baja. Un hotel soviético: esos hoteles en los que hay que estar para entender por qué hay que salir corriendo.

Estoy ahora ya, sólo, en Khojand, Tadjikistán, dónde no estaba seguro de llegar, por muy diversas razones. La primera es que es domingo, y que muchas fronteras cierran; por ejemplo, la China. La segunda es política, y es que en el este del país se están pegando tiros entre el gobierno y las milicias independentistas del Pamir. Ayer encontraba a dos anglófonos, que me contaban que estuvieron, y que todas las noches oían tiros. Pero no os preocupéis, en esta zona de aquí no pasa nada, y no iré al Pamir, ni a zonas cercanas. Pregunté a mucha gente que me ha dicho que en esta parte no pasa nada y lo confirmo: es verdad. La última razón también es política: resulta que en el año 1928, a Stalin y a su petit bureau se les ocurrió que podían reorganizar el centro de Asia, como se organiza una habitación: ahora pongo esta camisa aquí, muevo el escritorio aunque sea grande, y voy a cambiar este boli a la otra punta de la habitación. Pues bien, cuando haces eso de manera geopolítica, puedes armar tales destrozos, que yo creo que la gente que los arma debería morir segundos después de realizarlos, con la peor de las torturas posibles, porque sólo segundos después de reorganizar territorios así, desde el salón, y rascándose la barriga, se está asegurando que muchos años después, van a correr ríos, ríos de ceniza y de sangre. Y es lo que pasa aquí.
Podríamos decir que hay una consecuencia egoísta para todo esto, la consecuencia para el viajero que soy, y por eso digo egoísta, y llamemos a la otra, por llamarla de algún modo, y por oposición, ¿Consecuencia altruista? El caso, es que para ir desde Osh, en Kirguizistán -que es la última ciudad en la que he estado en ese maravilloso país de gente encantadora-, aTadjikistán, antes, todo el mundo tomaba la carretera del Pamir, en la que ahora están en guerra y que es una de las más bonitas del mundo, de la que todo el mundo habla maravillas. Ahora sólo se puede coger una ruta hacia el este, pero magia de Stalin y consecuencia egoísta, resulta que Stalin jamás consideró que estos países de la URSS pudieran adquirir la independencia, así que hizo carreteras que pasan dentro de países, y salen y se van a otros, y vuelven más tarde, con lo que puedes necesitar una eternidad de visados para ir entre dos puntos de un mismo país. Los habitantes de ex-repúblicas soviéticas entran sin problemas a cualquier país de la esfera ex-soviética, sin visados, pero los turistas, entre los que me incluyo, no. Y es un problema, porque tenía que elegir entre dos rutas: La sur, que sale de Kyrguizistán, se mete en Uzbequistán, sigue por Kyrguizistán, luego uzbequistán, y otra vez Kyrguizistán, para acabar en Tadjikistán, o podía tomar la ruta norte: pasar directamente a uzbequistán, en tránsito, e ir directo a Tadjikistán. Me aconsejó alguien bastante conocedor de estos sitios, hacer lo segundo, así que es lo que he hecho. Creo que ha sido la mejor elección, pero no ha sido en ninguna medida fácil. Los uzbecos nos lo han puesto muy difícil.
Me levanté a las siete de la mañana en Osh y me despedí de Alex y de Guillaume, que debo decir que me han hecho la vida muy fácil  y muy agradable, y con mucho humor, así que me ha costado bastante despedirme de ellos. Valga como prueba, que he salido en realidad, a las nueve y media. Me despedí, y fui a encontrarme con una japonesa que tomaba la ruta norte, aunque ella se quedaba en Uzbequistán. No importaba: toda hora en que no estoy solo, buenas hora es. El caso es que llegamos a Uzbequistán casi sin incidentes, pero al llegar, una marea de taxistas empezó a pedirnos más del doble del dinero normal, que normalmente se pide para hacer los trayectos que queríamos hacer. Estas situaciones son muy difíciles, porque ellos te rodean, no te dejan ver los autobuses, y si te acercas a preguntar directamente a los conductores de autobuses, ellos no responden, o piden el mismo dinero que los taxistas. Sé como funciona, y sé que es un tira y afloja, de risas irónicas, de miradas de piedad, de gestos desafiantes, en donde hay que ganar dejando pasar el tiempo, con paciencia, hasta que por fin a alguno le entra el lado humano y te dice un precio que cabe en la esfera terrestre y aceptas el viaje interestelar.
Llegamos a Uzbequistán y sin embargo, tuve la suerte de mi vida, porque encontré otra vez y como un ángel caído del cielo a una Uzbeca que estudiaba inglés y que lo hablaba entonces perfectamente, además, muy guapa, y que me ofreció su ayuda y me hizo sentir menos perdido y menos atolondrado. Nos llevó a cambiar dinero al mercado negro, porque el gobierno no permite cambiar dinero en el mercado normal, ni siquiera a los Uzbecos. Nos encontró una buena tasa de cambio y luego nos ayudó a encontrar taxi compartido. Pero es que ni ella podía. Al final, tras dos horas de tira y afloja, un taxista aceptó un precio normal. Me embarqué en la aventura, y hablé con un chico en el coche, que tenía ligeras nociones de inglés, y premio, sintió compasión y me ayudó a empalmar para el siguiente taxi, destino ya a la frontera Tadjika, con buen precio y sin pelear. Un poco de suerte y de compasión, me las merecía.
Entonces vienen los claroscuros del viaje. Resulta que cuando estoy a punto de coger una furgoneta que me lleva a Khojand, ya en Tadjikistán, un alto cargo del ejército, que además es joven, me para y me dice, monta en mi coche, te acerco yo hasta la parada de taxis ¡Premio para el sufrimiento! Porque además, no tenía dinero Tadjiko, ni había oficinas de cambio, ni cajeros ni nada. Resulta que el militar tiene ganas de hablar y yo quiero hacerlo sentir bien, así que me invento una doble vida, para parecerme a los tadjikos, y ahora resulta que estoy casado, y que tengo un hijo de tres años, llamado Ernesto. Trabajo además, como profesor de castellano, en España, para evitarme la complicación de explicar en ruso, que vivo en Francia y funciona con todas las pilas y colores. Cada vez que digo que tengo un hijo, en estas sociedades, en las que sus habitantes nacen casi, para casarse y tener hijos, y hasta los papás tienen todos fotos de sus hijos en los teléfonos, pues se les abren los ojillos, y me quieren más, y me invitan a todo. Y es lo que me ha pasado; que el militar me ha pagado una comida, y que me ha apañado un taxi para ir a Khodjand y cambiado mis cinco dólares con tasa muy buena. Y que luego otra mujer del segundo taxi, me ha llevado hasta la puerta de mi hotel, en un autobús y me ha pagado el precio del autobús. La parte de los claros, hasta que llegué a los oscuros de mi hotel, donde ahora estoy, y que me hicieron sentir tres buenas horas de felicidad.
Ahora viene, para acabar, la parte en donde explico la consecuencia que quise llamar altruista. Creo que empiezo a pensar, y no debiera quizá adelantarme en lo que pienso, pero es que ya lo pienso, que Kyrguizistán y tadjikistán, no deberían existir. Me explico. En 1928, Stalin quiso poner fronteras a este lugar del mundo, que estaba, y está, lleno de etnias muy diferentes, entre las cuales predominan los uzbecos. Yo creo que lo más sensato hubiera sido crear una amplia zona administrativa uzbeca, pero también leo que al principio fue así, y que hubieron mil guerrillas contra los uzbecos. Stalin no quería un poderoso enemigo islámico, tampoco, en el centro de Asia, así que creó de la nada un país llamado Tadjikistán, que incluye una mitad, en la que me encuentro, de mayoría suní, y otra mitad, que habla lenguas farsis, de mayoría ismaelí, y que adoran a un tal Aga Khan, que será muy musulmán, pero que vive en Londres con toda orgía de lujos, aunque eso sí, parece muy bueno con los discursos, y creó así (Stalin) una identidad inexistente, la tadjika y evitó ese gran enemigo musulmán, que aun reclama Samarkanda y Bhujara para su país. No creo que suceda. Pero es por esta división de fronteras que ahora ahí afuera se pegan tiros, en la parte este del país. Y es por esa división de fronteras que se pegaron tiros en Osh, hace sólo dos años. Resulta que existen grandes rivalidades entre uzbecos, que están por todas partes aquí, y el resto ¿Que qué pasará? Pues nadie tiene ni idea, pero este es un enclave bien jodido del mundo, porque además es el lugar por el que transita todo el opio proveniente de Afghanistán, para ir hacia otros lugares, y EEUU vería bien aprovechar el conflicto, para hacerse con la parte este del país, en forma de un nuevo estado aliado e independiente, y anexionarle otros territorios de lo conocido como la antigua región del Badakhstán). La heroína se está poniendo muy cara, todos lo sabemos...
En fin, es este un enclave jodido, pero es un enclave precioso. Los Tadjikos son maravillosos, ya lo habéis leído. Además, son estas, tierras de leyenda. Dicen que Osh es tan antigua o más, que Roma, y dicen que Khodjand fue fundada por Alejandro Magno y que quedan restos de su paso por aquí, que veré mañana. Me fascina todo lo que hizo este conquistador, y eso que no fue más que un asesino, pero me fascina que pudiera invadir hasta la India, en un momento en que era tan difícil movilizar esa gran cantidad de gente que movilizó, y que aunque luego vinieron Mongoles, con Genghis Khan, y los Turcos, con Timberlin, que hicieron lo mismo, Alejandro Magno fue el primero. El primero en construir el imperio y también en darse cuenta, como los otros, de la imposibilidad de administrarlo. Me fascina la ruta de la seda, ya lo sabéis. Esa extraña ruta legendaria, que creó unos lazos tan especiales y tan bellos, en el centro de este hermoso continente llamado Asia. Estas son tierras de leyenda, de victorias y de derrotas, para mí, y para estos países. Estas son tierras difíciles. Es difícil viajar aquí, pero aquí estoy, y pase lo que pase, de lo que podéis estar seguros, es de que no pienso marcharme de aquí, hasta haber sentido un poco eso de qué es vivir siendo Tadjiko. Quiero saber un poco como se vive en otras tierras eso de hablar lenguas farsis, en distinto enclave al de Irán, país que tanto y tanto me fascinó.

¿Comemos Lahman o Shashlik de pollo mañana? Estoy harto de la carne, me decanto por el Lahman, que aunque también lleva carne, lleva verduras, y pastas artesanales ¿Y vosotros qué pedís? No desesperéis al camarero, que espera respuesta immediata...

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