lunes, 27 de agosto de 2012

El día en que el mar se fue

¿Imagináis que un día el mar se va? ¿Imagináis que un día en València ya no hay mar, que se fue, que nos abandonó? ¿que cómo se puede ir el mar? Pues puede. Un día, en Moynaq, el mar se fue para ya nunca más volver, y dejó en su población el silencio del peor de los vacíos.
Entre Moynaq y Aralsk, en Kazahstán, había, hasta hace unos veinte años el conocido como mar de Aral. Un mar salado interior, que era nutrido ante todo por los ríos Syr-Daria y Amu-Daria, cuatrocientos kilómetros, de norte a sur, doscientos ochenta de este a oeste. Y había entre Moynaq y Aralsk, ferrys, y una importante industria pesquera, que con la huida del mar, se fueron también. Las consecuencias no son sólo económicas, ahora, los inviernos son más fríos y largos, y los veranos más calientes, además de durar más también. La fuga del mar ha eliminado masa forestal por diez veces menos de la cantidad que había anteriormente. Además, el agua atrae al agua, y si antes habían entre ciento veinte y ciento cincuenta días de lluvia por año, ahora sólo quedan treinta, porque ya no hay una gran masa de agua atrayendo los chubascos. Es curioso, que el día en que yo estuve fue uno de esos treinta, pero no es normal. Ahora, las abundantes tormentas de agua habidas antes, dejan paso a tormentas de arena, y el mar deja paso a un desierto terrible. Pasó, que la antigua industria de la URSS quiso utilizar el agua del mar para la irrigación del algodón rosa, regando zonas a veces profundamente secas. La pérdida de capacidad del mar se notó especialmente entre 1960 y 1970, donde se perdió el 20% de la capacidad del mismo, y que es proporcionalmente el porcentaje con el que aumentó la cantidad de agua utilizada para regadío. Además, en el cultivo se utilizaron pesticidas, claro, que han contaminado todo el subsuelo, y que no se purifican, porque no hay suficiente agua con que mezclarse, así que en lugares tan lejanos como Osh, en Kyrguizistán, se ha detectado que el 94% del subsuelo contiene DDT. Escandaloso. Las consecuencias para los humanos, son terribles: Tanta sal y arena, tiene consecuencia en enfermedades respiratorias con incluso un aumento en cánceres de esófago y de garganta, la mala calidad del agua para beber tiene consecuencias en enfermedades tan poco comunes en Europa, como la fiebre tifoidea, la hepatitis o la disentería, hay aquí más tuberculosis que en todo el centro de Asia. La zona tiene el mayor índice de mortalidad de todas las repúblicas ex-soviéticas, además de un alto grado de deformidades en el nacimiento ¡Qué grande es el humano, qué grandes males puede hacer!
Cuando llegas a Moynaq no hace falta llegar a la zona del mar para darse cuenta de que algo malo pasó. De súbito se reconoce una ciudad en ruinas, con edificios a mitad construir, con calles sin asfaltar. Todo guarda un aire como inacabado, y da en efecto la impresión de ser una de esas zonas fantasma donde toda la actividad económica se fue, dejando paso al vacío de la desocupación. De eso conocemos algo en España ahora, aunque aquí fue un caso bastante extremo. La mayoría de la población se dedicaba a la industria del pescado, de un modo u otro, se vivía del mar. El peso de la actividad económica estaba centrado en ese mar. Cuando el mar se fue, las inversiones y la riqueza se fue con él.
También es cierto que cuando se llega a la zona donde el mar debería estar, sobretodo si se ha pasado por el museo del pueblo y se han visto fotografías y cuadros de lo que fue, algo sobrecoge el alma. Se llega a aquella explanada y un viento frío golpea el espinazo. No es que nos digan que falta el mar, es que de algún modo se nota. Es de una tristeza enorme. La sensación es esa. Es tristeza. No se puede ser humano y pasar por allí sin sentir un sobrecogimiento extraño. Yo lo sentí.
Viajaba en ese momento con unos italianos, que decidieron irse muy pronto, por la tarde. Yo decidí que cuando se fueran, iba a adentrarme poco a poco en ese mar caminando, y llegar tan lejos como mis piernas me lo permitieran. Adentrarme mar adentro, en ese desierto de arena, sin peces. Fue un momento de soledad, que me gustó mucho, de toma de consciencia de ese desastre. De tristeza. También un momento un poco espiritual, que no místico, de encuentro consigo mismo. Es muy impresionante caminar por donde antes había un mar, y esa sensación empequeñece, pero también hace sentirse muy grande. Es extraño, es bonito.
También he estado en varias ciudades Uzbecas, desde la última vez que escribí, y he encontrado varias personas interesantes. Me encuentro ahora en Bujhara, la que declaro mi ciudad preferida en Uzbequistán, desde ya. Es muy tranquila, la gente lo es, y los monumentos están integrados a la ciudad, a la actividad cotidiana, no como en Khiva o Shamarkanda. Las tres ciudades son muy bonitas, pero esta es la menos artificial de todas. Descubrí en Khiva además, un chico que me cayó muy bien, un uzbeco, que habla perfecto alemán y que quiere irse a vivira Alemania un tiempo. Me contó que trabajando como profesor de alemán, solo gana por mes 120 dólares, y que por eso hace ese trabajo de guía. Pero además, es estudiante, y paga, con la ayuda de su hermano, trabajando en Rusia, en trabajos de mierda, 1000 dólares por mes en su colegio de lenguas. Yo no sabía que decir cuando me preguntaba cuánto se gana en Europa ¿Cómo decirle que lo que gana es una miseria, y decirle también que con lo que ganamos nosotros, en relación a nuestros precios, no es suficiente? ¿Imagináis que piensa que en España 600€ por mes son suficientes? Pues no, no lo son, pero que alguien me explique a mí cómo explicárselo.
Esta noche la pasé en un autobús. Resulta que aquí, se prohibió, a partir del choque de dos autobuses nocturnos, la conducción nocturna de autobús. Entonces, llegadas las 22 de la noche, los autobuses se conducen a bares de carretera donde poder descansar, aunque no se puede dormir. Para mí, es diferente, para ellos soy su viajero, su huésped, y aunque haya pagado el mismo dinero que ellos, puesto que para ellos un viajero es un enviado de dios a quién a coger, me trataban mejor que nadie. Nunca me dejaron pagar agua u otras cosas, me ofrecían de todo, y encima, llegada la noche, puesto que había que parar, aunque nadie tenía cama, a mí me llevaron a donde duermen los conductores de autobús y me pusieron allí en una cama. Esta gente es demasiado agradable, es impresionante. Me hacen a veces incluso sentir un poco extraño ante tanta atención.

En fin, sigo por este maravilloso país que es Uzbequistán, con su exquisita gente, pronto os escribo más aventuras, aunque ya quedan pocas, que en menos de una semana vuelvo a casa :)