miércoles, 15 de agosto de 2012

Los siete pilares del islam


No recuerdo cuáles son los otros seis, pero uno de los siete pilares del islam es la ayuda al viajero. Hay que darle cobijo, cama, pan y agua, y hospedarlo al menos, una semana. Las sociedades islámicas, comienzan a ser tan modernas como las nuestras, y esta bonita tradición se pierde, pero en sociedades que ven tan pocos extranjeros como en Tadjikistán, esta tradición continúa. Soy, de todas formas, como lo era Durkheim también, societista, en cuestiones religiosas, y pienso como él, que las religiones traducen las necesidades sociales, que además se institucionalizan. Pongamos por ejemplo el cerdo, que en las sociedades islámicas no se come, y recordemos que la mayoría de países islámicos se encuentran en franjas de calor muy agudas. Comprenderemos entonces que la demonización del cerdo viene del hecho de la gran cantidad de enfermedades que puede traer el animal en este tipo de países, no como en Europa, donde el clima es más fresco y las enfermedades del cerdo menores. En determinados países y momentos históricos, la ley no es un valor, la única ley que se respeta es la de diós, y así, no es que los ayatolahs decidan que hay que prohibir el cerdo, el cerdo se prohibe como influjo social, y esa prohibición se institucionaliza en la religión, con el paso del tiempo, obedeciendo una supuesta “ley divina”, que no es más que una necesidad social ahora institucionalizada. Esto lo explica Marvin Harris. Pienso que en Tadjikistán, como en otras sociedades -la Siria, la Iraní,etc.-, donde pasaron tantos viajeros, donde la ruta de la seda estaba tan presente, pues había esta necesidad social de asistencia. Y era una necesidad social tan importante, que acabó reflejada en la religión, en este caso, en “los siete pilares del islam”. Paro de enrollarme.
El caso es que estaba el otro día en un autobús entre Khojand y Istaravshan, y me sucedió uno de los mejores acontecimientos de todo mi viaje. Estaba medio dormido, en la sola hora que dura el trayecto y miraba la guía para ver a qué hotel ir. Estaba un poco preocupado, porque los hoteles costaban mínimo quince dólares (trece euros). De repente, una voz joven desde un asiento de detrás me dice “so you're American?” (entonces, ¿eres americano?). Y comienza en ese momento la razón por la cual, Tadjikistán, pase lo que pase a partir de ahora, quedará siempre para mí en mi memoria y en mi corazón, como uno de los lugares más acogedores en los que jamás estuve. “Pues no, no soy americano, y tengo un problema, porque ya no sé de dónde soy, con tanto tiempo que viví fuera de dónde nací”. Si quisiera regresar, no sabría hacia dónde, que decía Drexler.
Empiezo a hablar con el chico, que habla un decente inglés, y acaba invitándome, con su padre, madre y hermana, que iba en el autobús, a ser huésped en la casa de sus abuelos, donde iban, por sorpresa, a pasar unan semana. Yo me digo, que una semana es demasiado, pero que vivir un par de días en su casa, podría ser muy interesante. Bajamos del autobús, a cinco kilómetros de Istaravshan, porque la casa del abuelo materno está en una pequeña aldea llamada Alcat. La aldea es de mayoría uzbeca, que habla por tanto, turco antiguo, aunque en casa de Ravshan y Rizvon, mis principales acogedores, se habla sobretodo tadjiko, que es un farsi, no tan evolucionado como en Irán. Debo decir aquí, que en mi anterior post decía que no sabía por qué se había creado un país como Tadjikistán, y debo decir que ahora ya lo entiendo y que era un problema sin solución, porque en este país se habla farsi, con todo el imaginario cultural que eso supone, pero está lleno de uzbecos. Un problema sin solución, me adelanté cuando hablaba.
¿Y qué decir de su acogida? Pues que he sido un semidiós. Todo era para mí. En las sociedades farsis, siempre empieza a comer el que más adelantado en años está, o el invitado, que en este caso era yo. Esto tenía una buena parte, por el lado del respeto, pero por otra, muchas veces creí explotar, de la cantidad de comida que pretendían que comiera. He comido, eso sí, las mejores frutas y verduras que he comido en siglos, y sin aditivos químicos. En Europa tendremos más coches y más dinero, pero aquí tienen los alimentos. He comido un montón de variedades de melón, de tomate, de sandía, de pepino. Las mejores frutas y verduras del planeta. Y eran la fruta que eran, y no eso que se compra en el mercadona, con forma de fruta y que es plástico. Me han puesto además, siempre la mejor cama, el mejor plato, y no me han dejado pagar ni el autobús para las visitas. Suerte que un día Rizvon se quedó sin dinero y pude ofrecerle a él y a su primo, comer un shaslik (pincho de carne a la brasa) con pan.
También le he ofrecido un libro, y es que en casa de Ravshan (que es el papá), aman la cultura y los libros, por encima de todo. Dice Ravshan que siempre está leyendo, y quiere que su hijo sea doctor en medicina, así que como en tadjikistán no hay mucho dinero, se va ocho meses al año a Rusia, a trabajar en la obra, pese a que es licenciado en lenguas germanas y farsi, donde el dice que los salarios son normales (no dice que sean altos), y ahorra para que su hijo se vaya a estudiar a EUA. Yo le dije que sería mejor que fuese a Europa, que la calidad de los estudios son los mismos y el precio es mucho más bajo. Creo que no lo convencí. De todas formas, fue para mi genial ofrecerle el libro que llevaba, que es en inglés, para que siga aprendiendo. Rizvon no habla muy bien inglés, pero habla perfectamente farsi, ruso y turco, y eso que sólo tiene diecisiete años. Mis mejores deseos para él. Espero que llegue a ser el doctor que quiere ser y venga y ayude a su país. Toda la familia, de hecho está muy cultivada. La madre es maestra de inglés, la hija va un curso por delante de lo que debiera, el papá sabe de historia, de lenguas, etc. Una pena que tanto talento sea desperdiciado.
Tadjikistán es muy pobre, y existe un índice de mortalidad enorme, una calidad de estudios y de medicina, pésimos y una falta de higiene muy grande en muchas cuestiones, como por ejemplo, en el tratamiento del agua. Es aterrador a veces, verlos beber de dónde beben, es bastante terrible. Y yo de ahí no bebo, prefiero pasar dos días sin beber. Desde la caída de la URSS, el país se encuentra en decadencia, en crisis, y la mayoría de sus habitantes se marcha a territorio ruso para trabajar, porque aquí no hay literalmente, nada de trabajo. Es curioso que Ravshan y Rizvon me contaban que en tiempos de los soviets se vivía mucho mejor, pero es curioso que se indigne Rizvon cuando le pregunto si son comunistas. Me cuenta Rizvon, que en tiempos de la URSS, el padre de su abuelo sufrió las leyes Lenin, por las cuáles, básicamente, la propiedad es un robo. Tuvo entonces que ir a la cárcel y se le expropiaron gran parte de sus tierras, dejándole, a la salida de prisión, tierra suficiente para vivir. Yo no se lo digo, pero estoy totalmente de acuerdo con las leyes Lenin y creo junto a él, Rouseau, Prudhon y tantos otros, que la propiedad es un robo. No, sin embargo, la posesión. Todos necesitamos cosas para vivir, y eso es posesión y no propiedad, pero esta cuestión filosófica, es muy compleja.
En la casa, tuve la oportunidad de conocer como se dividen los espacios entre hombre y mujer. Y sucintamente, se puede decir, que hombres y mujeres no comparten espacios. La madre es profesora de inglés, y podría haberme explicado un sinfín de cuestiones. Pues creo que dirigió, en un total del dos días, diez frases hacia mí, y lo único que me ofreció fueron cuestiones “de mujeres”, como lavarme la ropa. Estaban encantadísimos de tenerme allí, pero ni madre ni hija hablaban conmigo. Esto era una pena. Dormían separados, comían separados, pasaban su tiempo separados. Además, los roles están muy bien definidos entre lo masculino y lo femenino. La mujer ocupa la casa y el hombre el exterior. El hombre es fuerte y ocupa los roles de fuerza, la mujer, las cuestiones “débiles”. De hecho a mí, nunca se me enseñó la casa. Sólo una habitación que hacía las veces de comedor y dormitorio, aunque yo siempre dormí fuera, porque en la casa hay escorpiones, y estando allí, uno picó a la mamá, que tuvo que ir al médico a que le inyectaran un remedio.
Tuve la oportunidad de visitar los lugares cercanos, que no son nada del otro mundo, hay que decir, aunque visitamos el bazar, que sí que me gustó mucho, muy árabe, y visitamos una escuela de música, dónde un profesor nos hizo una representación.
Al final de la tarde, siempre íbamos al campo de uno de los hermanos de la madre, que nos dejaba comer sus frutas y verduras. Era encantador coger las frutas frescas del huerto y comerlas directamente en el plato. El último día fuimos con burro, en carro, y a la vuelta me dejaron conducir el burro todo el trayecto, de una media hora. Una pasada.
También tuve derecho, y eso me gustó mucho, a escuchar muchas historias sobre Alejandro Magno y otros conquistadores, y comprobar por qué esta historia me gusta tanto. Y es que como Alejandro Magno llevaba sus propios escribas, que no contaban toda la verdad, o una verdad más neutra, aquí, mito se mezcla mucho con realidad, y ellos me contaban que Alejandro no fue herido en la India, sino en Tadjikistán, y que fue muriendo poco a poco, y me contaban que Genghis Khan jamás pudo conquistar una colina cercana, porque los arqueros disparaban desde arriba ¿mito? ¿realidad? ¿Entendéis por qué me gusta tanto Asia o no?
Salí de la casa, casi llorando, ayer por la mañana. Se habían portado tan bien conmigo. Les di un abrazo enorme a cada uno, les dije que ahora ya son mi familia. Ellos me pidieron volver, y que jamás los olvidara. Yo les dije que no podría aunque quisiera y que si Rizvon necesita ayuda para ir a Europa, que me la pida. Ellos no estaban interesados en nada material de lo que yo pudiera ofrecerles, puro altruismo, pero a ver si puedo ayudar. Casi lloro en varias ocasiones, y las lágrimas, aunque no se vio, vinieron a mis ojos más de una vez ¡Qué momento más grande de mi vida! ¡Cuánta gente pagaría por haber vivido estos momentos!
Ahora me encuentro en Dushanbe, tras seis horas de viaje, para sólo doscientos treinta y seis kilómetros de trayecto, por caminos de cabras, por túneles con baches, que no pasan ningún control de seguridad europeo (sin luz, con agua, con baches, medio en reparación, con ventiladores enormes en mitad del túnel, etc.). Ahora estoy aquí, y debo de decir que no estoy muy contento. El hotel en que estoy es caro, pero estoy bien, no es ese el problema. Pero en la ciudad no hay mucho que hacer, y no creo que encuentre a nadie con quien hablar. No hay turistas. Pienso que si todo sigue así, mañana me marcharé, aunque no se dónde, creo que quizá Samarkanda. Voy a ir a ver ahora si hay algún couchsurfing que quiera acogerme y me quedo algún día más. Espero que sí, sino este día va a ser un gran coñazo, porque no voy a poder hablar con nadie. De todas formas,

¡Besos y mitos, caballeras y caballeros!

p.s. me retracto, acabo de ver a una holandesa con su marido y un chico quiere albergarme en su casa. Los Tadjikos me hablan en farsi porque creen que soy del lugar, y los turistas se asustan porque piensan que soy tadjiko jajaj Divertido!
































































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