jueves, 12 de julio de 2012

Cursos de cultura hispana en San Petersburgo


San Petersburgo fue fundada en 1240, cuando Alejandro de Novdorov derrotó aquí a los suecos, que que retomaron la ciudad en el siglo XVII, para perderla definitivamente en el siglo siguiente, a manos de Pedro el grande. La ciudad fue rápidamente un foco de comercio y se llenó de masas de trabajadores venidos de toda Rusia aquí, para trabajar, para ganarse la vida. Su crecimiento fue tan amplio y su conexión con Europa es tan clara, que es de aquí de donde han salido todos los movimientos críticos de la historia del país: así los bolcheviques, como el movimiento de los 60' o 70' en contra de la URSS. Hitler declaró querer borrarla de la faz de la tierra cuando intentó invadirla en 1941, por ser cuna del bolchevismo y primer lugar donde se intentó el comunismo internacional. Dio órdenes explícitas de no aceptar capitulaciones. Jamás la conquistó.
San Petersburgo es una ciudad peculiar en Rusia. Es la ciudad por la que empiezo la visita a este país, y ya todos coinciden en decir que es una ciudad Europea. En efecto, cuando caminamos por sus bonitas aunque ruidosas calles, siempre llenas de coches, nos da la sensación muchas veces de estar más en el centro, que en el este de Europa, de estar en París, de estar en Berlín, y sólo el alfabeto cirilo de los numerosos carteles iluminados, nos recuerda que aunque estemos en Europa, nos encontramos en su extremo este y no en el centro.
La gente me resulta muy curiosa aquí. Me recuerdan un poco a los franceses, aunque con algunas diferencias. Creo que son más bien tímidos y reservados, pero son muy serviciales y amables cuando pueden prestar algún favor. Son también diplomáticos en las conversaciones. Es cierto sin embargo, que hay veces que son muy maleducados, como en todos los sitios, y a veces es como si quisieran hacernos sentir que están enfadados. He sentido un par de encontronazos, pero nada realmente grave. Una cuestión que también sorprende, es que no he visto tanto alcoholismo como me esperaba, de este imaginario que tenemos los europeos de los rusos como grandes bebedores de vodzka. He descubierto que entre la gente “de bien”, el alcohol está bastante mal visto y que es sólo en las regiones donde hace mucho frío, que el alcohol está justificado socialmente.
Mi primera impresión sobre Rusia, me deja sobretodo una sensación de inmensidad muy grande. He conocido aquí a dos personas de Itkursk, en la fría Siberia, que alcanza menos cuarenta grados en invierno, y desde donde se tarda cuatro horas en avión para llegar a esta ciudad desde la que escribo. Además, una tiene rasgos asiáticos y la otra es profundamente rubia. He conocido a una chica de Vladivostok, donde dicen que antes se hacía el cine que competía con Hollywood y que se tarda ocho horas en avión para llegar a la ciudad desde la que escribo. He conocido gente proveniente de los antiguos territorios soviéticos de la URSS, en concreto de Tashkent, hacía donde me dirijo, y por cierto una de ellas me decía que era mejor no ir, que es muy peligroso. No me creo nada, una de las cosas que he comprobado, es que incluso entre la gente más preparada, el racismo está bien instalado, sobretodo con personas de las antiguas repúblicas socialistas. El caso es que es evidente que este país es realmente extensísimo, con tantas variantes culturales y morfologías como se pueda imaginar. Es un país bello por eso, y en las grandes ciudades, como la que estoy, todas esas identidades se mezclan en un cosmopolitismo bello, interesante.
Ayer di un curso de cultura hispana. Una chica me contactó vía couchsurfing y me pidió si podría encontrarme con ella y unas amigas suyas (que en realidad eran sus alumnas), porque en esta ciudad cuesta mucho encontrar hispanohablantes. Así que yo, que me apunto a un bombardeo, fui, y les expliqué lo que sabía de mi país. Les hablé de cine, de historia, de política, de la situación actual, de costumbres, de cómo es nuestro amor, y fue la ocasión de preguntar cómo es el suyo, cómo viven las cosas. Creo que aquí el respeto al profesor es un poco como en Francia, con todas esas buenas formas que a mí me parecen superficiales. En realidad, me encantó darles mi visión de España, y poder introducirlas en su problemática crítica y hablarles de lo que no se ve en televisiones, de lo que no es el equipo de fútbol, los toros y la paella. Creo que ahora sí sé que ser profesor de castellano podría gustarme como trabajo. Ha sido un argumento más para intentar el CAPES.
San Petersbugo me ha gustado, pero jamás viviría aquí ¡Menudo frío! Este año pasaron 4 meses de nevada intensa entre enero y abril, y aunque no es lo habitual, ¡se puede llegar a tener hasta menos 30 grados! Y eso sin contar con que en invierno ¡sólo tienen seis horas de sol por día! En verano, sin embargo, hace calor, y sólo hay como cuatro horas de noche, lo conocido como las noches blancas, porque el cielo hace una bonita luz blanca y el sol casi no se pone, pero una ligera brisa fría y esta humedad, que es más fuerte que en Valencia, me ha producido un dolor de garganta considerable y me ha borrado la voz por unos días ¡Espero recuperarla pronto!

Empecé este post en el aeropuerto, a las seis de la mañana, lo continué en el avión, entre dos mastodontes que me han puesto de un lado y del otro de mi silla. Paré porque ¡daban de comer en un avión de una hora! (así que no todo funciona mal en los países del este: el cliente está mucho más satisfecho con las pequeñas tonterías que se dan de comer, pollo con patatas) y ahora mismo acabo este post, mientras aterrizamos. Si leéis este post, es que no causé las suficientes interferencias como para que nos cayéramos en medio de la plaza roja y nadie me acusará entonces de atentado contra Putin.

¡Hasta pronto!




























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